Torreon, Coahuila, Mexico / Lunes, 06 de Septiembre de 2010 6:34 DIRECTOR: Lic. Ramón Betancourt
Columnas
SE LE ACBA LA GASOLINA
René Avilés
11 de Enero de 2010 19:28 PM
Según informaciones oficiales del Instituto Electoral del Distrito Federal, desprestigiado por su filiación perredista, el PRD ha dejado de ser la fuerza hegemónica en la capital, no es más la aplanadora que le dio la contundente victoria a Cárdenas y a López Obrador. Con Ebrard, la enorme afluencia de votos disminuyó y las pasadas elecciones mostraron a un partido en visible descenso. Veamos algunos datos.
De un padrón casi de 7 millones y medio de votantes, sólo para jefes delegacionales, el PRD tuvo 897,190 sufragios. Para el PAN llegaron 628,989. El PRI recibió 466,64, mientras que 4 millones 276 mil personas empadronadas optaron por no participar, cualesquiera que fueran sus razones y otros votos fueron a los partidos pequeños. Es claro que prevalecieron el abstencionismo y el llamado a sufragar en blanco en vista de tanta corrupción e ineptitud. Iztapalapa fue el mejor botón.
La votación perredista disminuyó considerablemente y en sitios como Coyoacán apenas lograron triunfar pese a que allí Marcelo Ebrard con todos sus recursos intervino para evitar la derrota. Algo semejante sucedió en Tlalpan y en general perdieron diputados y tres delegaciones. Es grave si pensamos que llegaron a tener, como en los mejores tiempos del PRI, un triunfo aplastante, sin ninguna posición para los partidos restantes.
Es de suponer, porque nada ha cambiado en el DF, al contrario, la situación ha empeorado, que en el siguiente proceso electoral pierda muchas más posiciones y sea un mal recuerdo para los capitalinos, como hasta hoy ha sido el PRI, partido que a pesar de su pasado, consiguió, sin mayor esfuerzo, sin trabajo serio, intenso, sin dirigentes significativos, una aceptable cifra. Es la tercera fuerza, lo cual tampoco es un dato para consolidar el optimismo.
Si en algunas delegaciones, tal como estamos viéndolo ahora, hubiera habido alianzas, entre PAN y PRI, el PRD hubiera perdido casi todo. Pero no, prevaleció una muy relativa distancia “ideológica” entre ambas formaciones políticas. Quizá en tal sentido el trecho aumente con las declaraciones de Cárdenas sobre un eventual acuerdo entre PRD y PRI para sacar a la derecha de Los Pinos. Pero esto es muy discutible. La inmoralidad prevalece en los partidos a quienes sólo les interesa obtener el triunfo sin ver con quién se pacta. Allí está el PRD unido a la derecha para ganar en Tamaulipas. Lino Korrodi podrá estar distante del partido de Fox y Calderón, pero eso no le quita la filiación conservadora y poco ética que le conocemos y que ha merecido virulentas críticas de los dirigentes perredistas.
Veracruz es otro caso, allí, el PAN tiene como primera posibilidad para ganar el gobierno a un ex priista, a Miguel Ángel Yunes, pero hay panistas que no aceptan ser desplazados por un hombre siniestro, formado en el peor priismo y cuya carrera es poco decente. Veremos qué hace el PRD. No dudo que vaya aliado al candidato de la derecha.
Oaxaca será un caso parecido, otra alianza entre la imaginaria izquierda y el evidente conservadurismo para sacar a los priistas. Creo que está de más recordar la cantidad de insultos y golpes bajos que se han repartido en lo que va del sexenio panistas y perredistas. Ahora van del brazo. El extremismo de ambas fuerzas se ha diluido, también los principios. Irían al infierno con tal de ganar. Hay partidos, no ética.
Y si esto sucede en la República, por qué no en la capital: formar una serie de alianzas, tomando en cuenta al candidato del partido mejor posicionado, para echar al PRD del Zócalo y en general de toda la ciudad capital.
Nadie hasta hoy se ha tomado en serio eso de que el PRI es socialdemócrata. El PRI es el PRI, aunque suene a simpleza. Tuvo una época de ascenso revolucionario y hasta llegó a considerarse de izquierda dentro de la Constitución, pero sus avances hace tiempo que terminaron.
El PAN no tiene más éxitos que los electorales. Si en una delegación el candidato panista es más fuerte, pues se podría hacer un acuerdo con el PRI para derrotar a los corruptos e incapaces perredistas. Y a la inversa. Sin embargo, los resultados electorales del DF dan la idea de que el PAN puede arrebatarle el gobierno al PRD. Los triunfos de los primeros fueron contundentes, mientras que los de los segundos fueron poco significativos, especialmente en Coyoacán, donde fue despojado Obdulio Ávila.
Los partidos parecen más preocupados por la gran batalla, la presidencial y poco interesados en la guerra por el DF, sólo a quienes lo dirigen o han trabajado para tomar el poder. Ebrard quiere ser al menos candidato presidencial. Su carrera ha llegado al final, a menos que dentro de seis años acepte ser senador o diputado, bajo promesa de no hacer roscas de Reyes descomunales ni árboles artificiales más altos que la Torre Latinoamericana.
No hay duda, el PRD, merced a sus propios errores y pillerías, ha marcado el principio de su salida como poder hegemónico de la capital mexicana.